Bueno, mi blog estaba abandonado y no hacía más que acumular polvo. Aquí estoy. Tras un regreso triunfal del norte, estoy viviendo los últimos días antes de irme a Brasil. Debo decir que estoy muy contento.
Acá va aun breve repaso de mis vacaciones norteñas: El primer día nos quedamos en La Falda, en un hotelucho cuya única ventaja era que tenía una pileta grande (con agua fría, por supuesto, tanto no se puede pedir) y cuyo recepcionista parecía realmente deficiente y lo único que hacía con esmero era ponerle mayonesa en abundancia a los sandwiches.
Luego nos quedamos dos noches en San Miguel de Tucumán. Era un verdadero hormiguero humano. Repleta de gente caminando en todas direcciones, humo y ruido. Por lo menos logré conocer la Casa de la Independencia.
Acto seguido fuimos a un pequeño y tranquilo pueblo llamado Tafi Del Valle. Una hotel realmente muy lindo, con una pileta muy linda (que no aprovechamos porque hacía frío), un gimnasio abandonado que tenía adentro una mesa de ping pong (la cual sí aprovechamos) y estaba infestado de turistas europeos rubios y de piel blanca que parecía por momentos que hablaban francés pero que uno no podía determinar del todo de que país eran. Pasamos fin de año allí en una fiesta que organizaba el hotel que parecía una fiesta de 15, sólo que en Tucumán se ve que los temas de moda llegan más tarde, entonces escuchábamos un grandes éxitos del 98'. Mis padres y yo nos resignamos y terminamos jugando un tutti fruti en el jardín del hotel, el cual estuvo muy ameno (me coroné campeón absoluto en este juego).
La próxima parada, previo paso por las Ruinas de los Indios Quilmes, fue Cafayate. Allí se nos cortó la luz y el cable, por lo cual terminamos leyendo en la parte de afuera del hotel (que quedaba al lado de la ruta) y después aprovechamos la mesa de ping pong.
Luego, fuimos a Salta. Una ruta encantadora, una ciudad aún más encantadora. Nuestro hotel quedaba ahí nomás de la plaza, en la cual confluían todos los bares. Muy linda ciudad realmente, aunque a esa altura ya estaba harto de los museos y las vasijas de todo tipo y tamaño que había visto a lo largo de las vacaciones.
Finalmente emprendimos la vuelta y para dormir paramos en Córdoba capital. No les puedo explicar el calor que hacía. Afortunadamente, teníamos una linda y refrescante pileta que nos salvó de la incineración.
Y bueno, regresé al fin y ahora estoy esperando para irme a Brasil. Ya escribiré desde allá.